5 sabores de Ubuntu para que elijas el que más te gusta

Empecé a usar Linux hace más de 20 años. En esa época, los programas no se instalaban; bajabas el código fuente, configurabas la compilación, compilabas y recién ahí instalabas. Siempre y cuando no hubiera errores y todas las dependencias fueran satisfechas, lo que sólo ocurría el 50% de las veces.

pecé a usar Linux hace más de 20 años. En esa época, los programas no se instalaban; bajabas el código fuente, configurabas la compilación, compilabas y recién ahí instalabas. Siempre y cuando no hubiera errores y todas las dependencias fueran satisfechas, lo que sólo ocurría el 50% de las veces.

En mis primeros tiempos con el sistema no había interfaz gráfica (ventanas, íconos, menús, ratón), lo que, a decir verdad, no inquietaba a nadie por entonces. Pero cuando las ventanitas por fin llegaron, fue menester, para que las cosas marcharan, pasarse horas configurando, leyendo, tuneando. Lo hicimos, claro. Y pasamos al siguiente escollo.

Era fantástico, porque aprendías un millón de cosas y, pese a las abundantes frustraciones, había montañas de software con las que experimentar. También, y esto era de lo mejor, te sentías colaborando con algo importante.

Pero no porque sí a Linux le costó ganarse un espacio en las computadoras del gran público. Este carácter hermético, que demandaba horas de lectura y estudio, tiempo libre y el conocimiento para meterse con el hardware, tuvo una consecuencia previsible, pero nefasta: el sistema operativo libre rara vez llegaba a los medios de alcance nacional. LA NACION fue una honrosa excepción, pero ningún esfuerzo daría frutos a largo plazo, si las distribuciones de Linux seguían siendo aptas sólo para expertos.

Canonical, la empresa fundada por el emprendedor sudafricano Mark Shuttleworth, se propuso en 2004 cambiar ese estado de cosas y, en gran medida, lo ha logrado. Su distribución de Linux, llamada Ubuntu, es la más popular, por lejos, y, paradoja de paradojas, hoy resulta más fácil de instalar que un Windows. El nombre Ubuntu es en honor de la filosofía humanista que Nelson Mandela y Desmond Tutu difundieron fuera de Sudáfrica.

Ubuntu Linux se basa en la respetada distribución Debian, de la que Shuttleworth fue programador, y ha ido simplificando todas las asperezas que siempre caracterizaron a Linux. A pesar de las críticas que recibió al principio, las demás distribuciones siguieron su ejemplo y han facilitado mucho la instalación, configuración y uso. Incluso Debian.

Pues bien, en abril, Canonical lanzó su nueva versión con soporte de largo plazo (LTS, por long term support, en inglés), la 16.04, y desde entonces estuve usándola para llegar, era de esperarse, a una reseña. Ante de entrar en el detalle, un par de párrafos para los que recién llegan a Linux y a Ubuntu.

Palabras clave

Este número de versión extravagante, 16.04, viene del año (2016) y el mes (abril). Al principio suena raro, pero es uno de los métodos para numerar versiones más útiles que he visto. De un vistazo uno sabe el año y el mes de esa edición, y puesto que las LTS salen sólo en el primer cuatrimestre de los años pares, también puede determinar si tendrá soporte de largo plazo. Las LTS cumplen, con la 16.04, casi 10 años entre nosotros; la primera fue en junio de 2006. Más sobre la nomenclatura de Ubuntu, aquí.

Linux no se entrega de forma monolítica desde una única fuente (como Windows, de Microsoft, o Mac OSX, de Apple). Llega a los usuarios por medio de distribuciones o distros y, en rigor, uno puede construir su propia distribución. Ubuntu es, simplemente, una de las muchas distribuciones que existen. Acá está la lista, tienen para entretenerse ;o)

Tercer tema: más abajo hay una comparación en cuanto al uso de memoria de 5 variantes de Ubuntu, es decir, distribuciones basadas en Ubuntu (ya sé, marea un poquito al principio, pero tampoco es el fin del mundo). Esa memoria a la que me refiero es la RAM, no el espacio en disco. Las computadoras y notebooks tienen discos de entre 500 gigabytes (GB; mil millones de bytes) y 1 terabyte (TB; 1 billón de bytes), mientras que sólo disponen de entre 1 gigabyte y 8 o más GB de RAM.

La RAM es el espacio de trabajo del cerebro electrónico, que puede ser un tipo muy inteligente, pero si le das un pizarrón del tamaño de una galletita, va a tardar un millón de años en hacer sus cálculos. Esa es la razón por la que una computadora o un smartphone con poca RAM se pone lento enseguida, aunque tenga muy buen procesador.

Es cierto que hoy los sistemas operativos intentan usar toda la RAM posible, lo que está muy bien, pero si de forma predeterminada consumen mucha memoria, quedará poco margen para ejecutar las aplicaciones. Si hay poca RAM y se siguen abriendo programas, verás que todo se pone lento y el disco trabaja como loco. Es el sistema tratando de sobreponerse al cuello de botella y mandando páginas de RAM al disco. Como los discos son muchísimo más lentos que los circuitos electrónicos, el resultado puede expresarse en buen porteño: la máquina se achancha. El mínimo recomendable para un smartphone hoy es de 2 GB y para una notebook, 4 GB.

O sea que sí, 1 GB es poco hasta para tu teléfono (que también es una computadora, y si es un Android, usa el núcleo de Linux, fijate). Por lo tanto resulta muy complicado hacer que una PC o una notebook con tan poca RAM sirvan para algo. Ese fue, en resumidas cuentas, el desafío que me propuse durante las últimas semanas.

La ardilla hospitalaria

Aparte de su original numeración, Ubuntu utiliza nombres de fantasía conformados por un adjetivo y el nombre de un animal, en orden alfabético desde la versión 5.10. La 16.04 se llama Xenial Xerus, lo que podría traducirse como Ardilla Hospitalaria. No me pregunten cómo llegan los muchachos de Canonical a estas denominaciones, porque no tengo ni idea. En todo caso, coloquialmente, se usa sólo el adjetivo para mencionar la edición. Así, la 16.04 es Xenial, a secas.

Unity 7, el Escritorio de Ubuntu 16.04, con el lanzador en la parte inferior de la pantalla
Unity 7, el Escritorio de Ubuntu 16.04, con el lanzador en la parte inferior de la pantalla.

La reseña de Xenial tuvo el resultado esperado. Compiladas para posiciones de producción y tarea crítica, las ediciones LTS son estables, seguras y sin mayores sorpresas. Las funciones experimentales y características nuevas, que son lo que más nos entusiasma, habrán de esperar hasta octubre, cuando salga la 16.10.

Con todo, 16.04 estrena algunas novedades que la tribuna venía pidiendo desde hacía años. Por ejemplo, ahora es posible posicionar el lanzador (esa barra de íconos que va a la izquierda de la pantalla) en la base. Para mí, con toda franqueza, un alivio. Como dije otras veces, puse lo mejor de mí, pero nunca terminé de habituarme a que la columna de accesos directos estuviera a la izquierda y en posición vertical.

Pero esperen, no se precipiten a buscar la opción en la configuración de Ubuntu. Primero hay que instalar una herramienta como Unity Tweak Tool desde el Centro de Software. A propósito, el antiguo centro de software de Ubuntu fue reemplazado por elGnome Software . Y está muy bien que así sea. Con todo, sigo siendo fan del viejo, pero inigualable Synaptic y (cuestión de costumbre) de APT.

Otro cambio, menor pero políticamente significativo: las búsquedas online automáticas vienen desactivadas de forma predeterminada en 16.04. Era algo que la comunidad reclamaba desde hacía rato, por razones de privacidad. Es decir que ahora, cuando se escribe algo en el buscador, Ubuntu arrojará solamente resultados locales: documentos y programas en el disco duro de nuestra computadora.

Asuntos internos: la versión del kernel es ahora 4.4.0-22. Además, los usuarios de tarjetas de video de AMD ya no podrán usar los controlares propietarios de esta firma, que serán reemplazados por versiones de código fuente abierto. Según el modelo exacto de tarjeta que estén usando y las aplicaciones de que se trate, el desempeño puede ser peor que con la anterior LTS, la 14.04. Aquí, un minucioso examen (en inglés) del rendimiento de las tarjetas de video de AMD en Ubuntu 16.04. Mi mejor consejo es ser cuidadoso al actualizar una máquina que use placas de video Radeon, especialmente si se la usa para juegos.

Uno de los menos visibles pero más significativos cambios en Ubuntu 16.04 es que usa el sistema de inicio systemd, que ha sido objeto de bastante controversia. Si no estás muy, pero muy metido en los tecnicismos de Unix/Linux, podés pasar por alto esta polémica. Pero el asunto ha sido lo bastante arduo como para que un grupo de programadores se abriera de Debian y fundara Devuan, un Linux que no usa systemd. Lo probé estos días y, salvo por un par de tropiezos, salió andando muy bien. Les debo todavía reportar esos problemas.

Como ocurrió en su momento con la 14.04, 16.04 es una versión pulida, con la interfaz gráfica madura y consistente (se llama Unity y va por la séptima versión), y sólida como una roca. Excepto, claro, por ese misterioso mensaje de error que venimos viendo desde al menos la 12.04 y que no tiene ninguna consecuencia aparente, excepto la de resultar irritante.

Desde luego, todo este despliegue de funciones y lujos visuales tiene un costo: Ubuntu consume más memoria y tiempo de cómputo que el promedio de los Linux. Mucho menos que un Windows, pero de todas formas necesitás una máquina más o menos nueva y con bastante memoria para no sufrir cuellos de botella y mal desempeño. Lo que me lleva al siguiente punto: ¿quién necesita el 16.04?

En primer lugar cualquiera que quiera tener la versión con soporte de largo plazo más reciente de Canonical. Hasta 2021 vas a contar con actualizaciones y demás. Si usás 14.04, hacé backup y fijate cómo te resulta. En mi caso, actualicé una máquina que tiene suficiente espalda, sin novedad. Pero en otras, algo más veteranas, ni me molesté. Es más, esta línea de razonamiento me llevó a preguntarme: ¿cuál es la mejor distribución basada en Ubuntu para equipos no del todo nuevos? Es decir, con poca RAM y menos capacidad de cómputo.

Ocurre que, habiéndose estirado el ciclo de vida de las PC y notebook, nuestro inventario de hardware ha ido envejeciendo. Salvo los que hacen trabajos muy exigentes (arquitectos, músicos, diseñadores 3D, y así) y los que usan la PC para videojuegos grosos, los demás sentimos que los nuevos sistemas operativos le tiran de sisa a nuestras máquinas. Tampoco necesitamos cambiar de equipo, porque todo lo demás anda bien. ¿Cómo mantener ágil una máquina con bastante millaje? Windows, definitivamente, no es la respuesta. El 10 se lleva más de 1 GB.

Puse manos a la obra e instalé unas cuantas variantes de Ubuntu para ver su consumo de memoria y el desempeño general; terminé quedándome con 5, que son las que comento abajo. Hice las pruebas con máquinas virtuales que emulaban una PC con 1 GB de RAM, y verifiqué luego los resultados en una PC real con 1 GB de RAM y un Pentium (sí, un Pentium 4), así como en una notebook con Core 2 Duo y 2 GB de RAM. El consumo de memoria informado por el sistema puede variar por un número de razones. Por eso, medí ese valor luego de instalar y actualizar el sistema y tras un reinicio completo; siempre, sin ninguna aplicación corriendo, sólo el sistema operativo.

Usé sólo versiones de 64 bits (que tienden a consumir más memoria) y, en resumen, el ganador absoluto en cuanto a desempeño fue Lubuntu. El más completo en funciones fue, por mucho, Ubuntu, con Xubuntu, Mint y Mate como buenos puntos intermedios. En general, mis conclusiones coinciden con las de la mayoría de los analistas, pero serán más que bienvenidas las observaciones y experiencias que tengan en estos asuntos.

Ubuntu 16.04

Terminado el arranque normal, el nuevo Ubuntu LTS dejó alrededor de 445 MB libres. Para casi cualquier cosa que quieras hacer hoy es poco. Fue también, en equipos veteranos, el menos ágil. Del lado de las virtudes: todo anda de entrada: reproducción de videos, Wi-Fi, etcétera. Esa es toda la idea detrás de Ubuntu y la cumple rigurosamente. Con 4 GB de RAM, bastante músculo y una placa de video de Nvidia, sigue siendo mi sistema preferido.

Lubuntu 16.04

Esta variante, que usa el escritorio LXDE, dejó entre 750 y 788 MB libres, luego del arranque y sin aplicaciones corriendo. Fue la cifra más alta de todos los que probé y eso deja espacio para ejecutar una suite de oficina, un navegador, incluso para ver películas Netflix (comprobado, y con varias pochocleras seguidas). Junto con su bajo consumo de memoria, Lubuntu es también el que arranca más rápido y el que resulta más ágil. Contras: para lograr esto es menester sacrificar funciones y minimizar los adornos visuales, por lo que resulta más rústico que Ubuntu. Por ejemplo, la edición de atajos de teclado supone instalar un software o editar un archivo de configuración (mi opción preferida). El tachito no tiene comando de vaciado en el menú emergente (nada que no se arregle con un sencillo script y un atajo de teclado). PCManFM, el explorador de archivos predeterminado, deja que desear respecto de Nemo o Thunar, pero a la larga se puede hacer lo mismo que con cualquiera de ellos, sobre todo si le ponemos un poco de configuración. Lubuntu se ha convertido ahora en mi distribución favorita para máquinas de pocos recursos.

Xubuntu 16.04

Esta variante, que usa el escritorio Xfce, dejó unos 680 MB libres de RAM tras el arranque y fue más ágil que Ubuntu, pero menos que Lubuntu. Su escritorio es menos rústico que el de Lubuntu y resulta un poco más fácil de usar. Es, junto con Mint (ver abajo), el más parecido a Windows. Se ubica, pues, como un término medio más que aceptable.

Linux Mint 17.3 / Ubuntu Mate

Es la versión más reciente de esta muy popular distribución de Ubuntu con excelente diseño visual y bajo consumo de recursos. La incluyo a pesar de que no está basada en la 16.04, sino en 14.04. Dejó 720 MB libres y se mostró más o menos tan ágil como Xubuntu, aunque su fachada es mucho más moderna. Uno de sus escritorios, llamado Mate, fue creado por el argentino Germán Perugorría y es tan bueno que se convirtió en 2014 en una versión oficial de Ubuntu. Por lo tanto, la actual se basa en Xenial. Una vez arrancada, deja alrededor de 700 MB de RAM libres y tiene un desempeño equivalente al de Mint. Tengo la impresión de que va a ganar popularidad muy rápidamente.

Elementary OS

Qué decirles. Elementary es lindo, sí. Y usa poca memoria (dejó unos 720 MB libres, es decir, lo mismo que Mint). También anda razonablemente rápido, al menos en la versión actual, que deriva de Ubuntu 14.04. Pero, y esto es 100% opinable, me parece que pretende ser un Mac OS X, y está lejos de serlo. En cuanto a lo demás, como cualquier Linux, es plastilina pura. Se lo puede tunear hasta que haga las cosas como queremos. Así que está OK. Lo que no está OK es que da la impresión de que hay que pagar para usarlo. No es así. Si ponen 0 (cero) dólares como precio personalizado, lo podrán descargar y usar sin costo.

En resumidas cuentas, Ubuntu sigue siendo el más automático y amigable, aunque su interfaz puede confundir a los que vienen de Windows. En la esquina opuesta, Lubuntu continúa ocupando el sitio de la distribución más ágil y austera. Personalmente, me parece un logro, en esta época en la que los sistemas operativos devoran recursos. Mint, por su parte, sigue teniendo un encanto muy particular que lo ha colocado entre las más populares de las variantes de Ubuntu; fue alarmante, sin embargo, el ataque informático que sufrió el 20 de febrero.

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